martes, 20 de noviembre de 2018

España creó a Franco. El Mundo. Madrid


Durante mucho tiempo se pensó, a la manera de Thomas Carlyle, seducido por la idea de la relevancia de los héroes, que eran los grandes personajes los que daban sentido al universo. Es falso, sus características son siempre moldeadas por la fuerza irresistible de la inmensa mayoría. La tragedia del Gulag no es obra exclusiva de Stalin, fue una convulsa y paranoica sociedad rusa la que lo creó. ¿Hubiera sido posible Napoleón sin el proceso revolucionario iniciado en 1789? Para bien o para mal, son las masas las que dibujan el mundo. Así, el significado de Franco no puede abstraerse de la personalidad de nuestra nación durante gran parte del siglo XX. Igual que Alemania fue culpable del  fenómeno hitleriano, y es perfectamente consciente de ello, España fue el país creador del franquismo. Todos fueron responsables, desde los catalanes, ¿no han leído Los cipreses creen en Dios de Gironella?, hasta los canarios. Es algo elemental:

Primero.-Franco careció de la grandeza intelectual de Manuel Azaña, y de su conmovedora capacidad para pedir perdón. Tampoco tenía la memorística erudición de Alcalá Zamora ni la calidad humana y filosófica de Julián Besteiro. En cambio, representó perfectamente el miedo de una parte importante de la sociedad española ante los desórdenes derivados del pistolerismo fascista y anarquista, y la inseguridad que generó la lamentable revolución asturiana de 1934. Es indudable, Franco se alzó militarmente en 1936  pero la mitad de la sociedad española estuvo con él. Las elecciones celebradas en febrero de ese año demuestran la división de nuestro país.

Segundo.-Nuestra Guerra Civil generó personalidades trágicas, también valientes. Así, el famoso dirigente anarquista Francisco Ascaso murió en Barcelona en los primeros días del Alzamiento, defendiendo en las calles a la República. Por su parte, José Antonio Primo de Rivera fue cobardemente asesinado en Alicante por sus ideas. A diferencia de ellos,  Franco expiró en la cama con más de 80 años. Y si lo consiguió fue porque, salvo al inicio del Régimen, la mayoría de los españoles decidieron, por convicción o miedo, que era más sensato acomodarse a la situación.

Tercero.-Franco fue un hombre vulgar, careciendo de la grandeza de De Gaulle. Jamás intentó la reconciliación y, como muestra de su crueldad, firmó penas de muerte hasta los últimos momentos. Sin embargo, esa obstinada y vengativa personalidad nos reflejó muy bien. ¿No decía Pascal que la piedad no era una virtud española?

Cualquier psicólogo de tres al cuarto aconseja superar los traumas. Si al cabo de cuarenta años no somos capaces de hacerlo con Franco, puede deberse a dos razones: necesidad de conocer la propia historia, objetivo siempre legítimo, o búsqueda de enemigos imaginarios para mantener interesadas posiciones de poder. Da la impresión de que es esto lo que nuestro gobierno pretende. Si es así, es grave su responsabilidad pues divide a una  sociedad que necesitaría estar más unida que nunca ante los ataques a su régimen constitucional. Además, complacerse en la exhumación de cadáveres más bien recuerda el carácter morboso, esencialmente descompuesto y enfermo, de nuestro país.



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