martes, 11 de agosto de 2009

Leonard Cohen

He conseguido entrada para el concierto de Leonard Cohen en Atarfe, Granada, el próximo día 13 de septiembre. Se dice que la gira viene motivada por el hecho de que la novia, aprovechando su retiro en un monasterio budista, le ha dejado prácticamente sin blanca. Y la verdad es que considero perfectamente justificado gastarme cien euros por escuchar a una persona que a su genialidad musical une la capacidad de arruinarse por amor a los 74 años. Nuestra hedonista sociedad ha convertido la pasión en una cosa estrictamente física, que no merece locuras de ningún género. Así somos de aburridos.

Estoy seguro de que cantará “The future”, lo que me permitirá soñar olvidándome de los soporíferos discursos que, a través de todos los medios de comunicación, nos sueltan personas que se dicen políticos y que, en la realidad, nunca han sabido lo que pueda ser un sistema ideológico, entre otras razones, porque a lo único que están acostumbrados es al ejercicio constante de la ruindad desde la mediocridad y mala fe. Mi generación, en cambio, creía que la transformación del mundo permitiría hacernos más buenos y más sabios, desgraciadamente no ha sido verdad.

Es evidente que, en Granada, tocará también “Take this waltz”, dedicada al asesinato de García Lorca. Podré así recordar mis tiempos juveniles en que nuestra guerra civil constituía un pretexto para admirar la resistencia de Madrid, en noviembre de 1936, o a figuras míticas como Constancia de la Mora, Margarita Nelken o La Pasionaria. Ahora, en cambio, se ha convertido en un arma arrojadiza para oportunistas que, sin tener la menor idea de quiénes pudieran ser Arturo Barea, Ramón Sender o Max Aub, quieren actuar como herederos vengativos de los vencidos cuando, paradójicamente, son en su inmensa mayoría nietos de los vencedores, y les da vergüenza reconocerlo, demostrando así que lo único que les importa es el arte de verlas venir.

Estoy deseando oír “Dance me to the end of love” para pensar en aquella chica que amé y que adoraba también a Leonard Cohen con el que, espero que sólo fuese platónicamente, siempre me compartió. Ojalá que la vida nos permitiese danzar eternamente con la mujer amada, y olvidar que, día tras día, nos estamos volviendo más viejos, más solos y más tristes. El 13 de septiembre, en Granada, tenemos todos una cita a la que deseo acudan los viejos amigos. Confío en que, incluso, los adalides de la modernidad, bien situados en los instituciones públicas, tan deseosos de figurar en fotos que puedan proporcionar réditos, se desplacen a Atarfe para disfrutar juntos de la noche. Eso sí, no quiero que me la estropeen, ni que me quiten a traición a la chica con la que pienso bailar.

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