sábado, 2 de julio de 2011

Nos representan demasiado

La única idea original del movimiento de Los Indignados es la que se refleja en su eslogan No nos representan. Pero si los elegidos a través de las urnas han dejado de identificarse con el pueblo, entonces, ¿quiénes? No existe sistema alguno, distinto al democrático, que permita hacer efectiva la necesidad de “hacer presentes a los que no lo están”, objetivo último de toda representación, pues sería absurdo reverdecer el viejo anarquismo español y resucitar a Durruti. En el fondo, nuestros nuevos revolucionarios no hacen más que dar la razón a Alexis de Tocqueville cuando decía que, en los siglos presididos por la reivindicación de la igualdad, hasta los ínfimos privilegios, incluso los de la inteligencia, chocan a la razón.

La misma pretensión de que alguien pueda atribuirse un mandato, que lo distinga sobre los demás es inconscientemente rechazada. Nadie es más que nadie. En todo esto hay una enorme paradoja pues ha sido la propia sociedad de masas la que ha convertido a los políticos, particularmente los españoles, en seres tan insulsos como el resto de los ciudadanos. Gregorio Marañón, Ortega y Gasset o Sánchez Román, políticos burgueses de la II República, no pueden darse ya hoy. Tampoco dirigentes proletarios como Dolores Ibárruri o José Díaz cuya capacidad de agitación los colocaba muy por encima de los trabajadores de la época. Eran distintos, y, sin embargo, nunca el entusiamo de los suyos fue más manifiesto.

Se dice, y puede que sea verdad, que los actuales políticos españoles son singularmente mediocres. Nunca más que la inmensa mayoría de los ciudadanos, que ahora se rebelan por su falta de preparación. También se denuncian sus privilegios. ¿Cuáles? Las llamadas prerrogativas son ya prácticamente inexistentes, sus sueldos están entre los más bajos de Europa y, lo más grave, se han visto privados de sus derechos al honor y a la intimidad, que los tribunales de justicia han decidido desconocer. En estas condiciones, ¿qué profesional de prestigio decidirá dedicarse a la política? Ninguno. Basta con una lectura de las agendas parlamentarias para comprobar que el origen profesional de los miembros de las asambleas se encuentra muy lejos de la excelencia. Ya no constituye ningún timbre de gloria obtener un escaño, todo lo contrario, pero eso es lo que nuestra sociedad ha querido elección tras elección.

Es mentira que los políticos no nos representen. Son iguales que nosotros, con las mismas virtudes, defectos, incultura y falta de sensibilidad. Es cierto que nuestro sistema político está obsoleto, incluso muerto, pero, en cuanto al concepto de representación, será mejor que lo dejen en paz. En España se ha realizado a la perfección.

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